PROPUESTA EMOCIONES JUNIO. EF. CUENTO DE LAS EMOCIONES. RECONOCIENDO EMOCIONES.

 

El Laberinto de los Colores Compartidos

Lucas vivía en Villa Esmeralda, un pueblo donde los habitantes cambiaban de color según lo que sentían. Lo normal era ver a la gente de un azul tranquilo, un amarillo alegre o un rosa afectuoso.

Sin embargo, el día de su cumpleaños número nueve, a Lucas le pasó algo muy extraño: se despertó sintiéndose de cuatro colores a la vez. Su brazo derecho era rojo fuego, el izquierdo era gris tormenta, sus piernas eran amarillas como el sol y su pecho tenía un tono verde oliva.

—¡Pareces un cuadro abstracto, hijo! —dijo su mamá, mirándolo con ternura pero un poco preocupada.

Esa mañana, Lucas fue al colegio arrastrando los pies. Sentía una tormenta en su interior.

El encuentro con el profesor Sabio

Al ver entrar a Lucas, el maestro de Ciencias, el señor Bermúdez, entendió perfectamente la situación. No se asustó. En lugar de eso, sonrió y le dijo:
—Vaya, Lucas. Parece que hoy tienes una reunión de vecinos en tu cabeza. ¿Quieres que visitemos el Laberinto de los Colores en el recreo?

Lucas asintió. En el patio del colegio había un pequeño jardín con setos que los niños usaban para jugar. El maestro y Lucas se sentaron en el centro.

—A ver, Lucas, vamos por partes —dijo el señor Bermúdez—. Señala tu brazo rojo. ¿Qué te dice?
—¡Que estoy furioso! —exclamó Lucas—. Quería que mi cumpleaños fuera en el parque de atracciones, pero está lloviendo y nos quedaremos en casa. ¡No es justo!

El maestro explicó: "Eso es la Ira. La Ira no es mala, Lucas. Te dice que algo no te parece justo. Pero si dejas que queme todo, te meterás en problemas. Dale las gracias por avisarte y pídele que baje el fuego".

 

Lucas respiró hondo. El rojo de su brazo se suavizó hasta convertirse en un naranja amable.

La nube gris y el impulso amarillo

—¿Y ese brazo gris? —preguntó el maestro.
—Es la Tristeza —susurró Lucas, mirando al suelo—. Me hacía ilusión ver a mis primos que viven lejos, pero no han podido viajar por el temporal.

"La Tristeza también es una buena amiga", dijo el señor Bermúdez. "Te ayuda a desahogarte. Está bien llorar o estar callado un rato. Es como la lluvia: limpia el cielo para que luego salga el sol".

 

Al oír esto, las piernas amarillas de Lucas empezaron a moverse con nerviosismo.
—¡Pero mis piernas quieren saltar! —dijo Lucas, riendo de repente—. ¡Porque sé que mi mamá me ha preparado mi tarta favorita de chocolate y que mis amigos de clase sí van a venir!

—¡Eso es la Alegría! —exclamó el profesor—. Te da la energía para disfrutar de lo bueno.

El misterio del color verde

Por último, el maestro señaló el pecho de Lucas, que seguía de color verde oliva.
—¿Y este color, Lucas? No parece Calma... ¿qué es?

Lucas lo pensó un momento. Sintió un pequeño nudo en el estómago.
—Es... es que tengo un poco de Miedo. Cumplir nueve años significa que soy más mayor. ¿Y si las matemáticas de tercero se vuelven muy difíciles? ¿Y si no sé ser un buen hermano mayor?

El señor Bermúdez le puso una mano en el hombro.
—El Miedo nos hace ser prudentes, Lucas. Nos avisa de que nos importa el futuro. Pero recuerda: tienes a tu familia y a tus profesores para ayudarte. No tienes que cruzar el laberinto solo.

Un arcoíris bajo el control de Lucas

En ese instante, algo mágico ocurrió. Los colores de Lucas no desaparecieron, pero dejaron de pelearse entre sí. Se mezclaron de forma armónica, transformándolo en un hermoso arcoíris brillante.

Lucas ya no se sentía confundido. Entendió que podía estar un poco triste por sus primos, enfadado por la lluvia, asustado por los cambios y, al mismo tiempo, ¡muy feliz por su tarta y sus amigos!

Al salir del laberinto, corrió a jugar al patio. Ya no era un niño de un solo color; era un niño que sabía escuchar a todas sus emociones.

🧩 Preguntas para pensar en clase:

1.    ¿Por qué el maestro le dijo a Lucas que la Ira y la Tristeza también son "buenas amigas"?

2.    ¿Alguna vez te has sentido de varios colores (emociones) a la vez? ¿Cuáles?

3.    ¿Qué podemos hacer cuando el color "rojo" (la ira) se vuelve demasiado fuerte?







Cuando trabajamos El Laberinto de los Colores Compartidos en clase, yo me sentí un poco como Lucas. Era como si dentro de mí también hubiera un montón de colores hablando a la vez.

Al principio, cuando leí la parte del brazo rojo, pensé en mis propios enfados. A veces me pasa que quiero que algo salga de una manera y no ocurre, y me pongo rojo por dentro. Al dramatizarlo, abrí mucho los ojos, apreté los puños y caminé fuerte, como si cada paso fuera un “¡no es justo!”. Me ayudó a entender que la ira no es mala, solo necesita que la escuche.

Cuando tocó representar la tristeza, me puse más lento, bajé la cabeza y hablé con voz suave. Me imaginé como si una nube gris estuviera encima de mí. Sentí que a veces también me pasa cuando echo de menos a alguien o algo no sale como esperaba. Me gustó que el maestro del cuento dijera que la tristeza limpia, como la lluvia.

La parte de la alegría fue la más divertida. Salté, moví las piernas rápido y sonreí mucho, igual que Lucas cuando pensaba en su tarta y sus amigos. Me recordó que incluso en un día complicado siempre hay algo que me hace brillar un poco.

Y cuando dramatizamos el miedo, puse las manos en el pecho, como si me temblara un poco. Pensé en cosas nuevas que a veces me dan respeto: exámenes, cambios, crecer. Me di cuenta de que el miedo también me ayuda a estar atento.

Al final, cuando mezclamos todos los colores, sentí que era verdad: puedo tener muchas emociones a la vez y no pasa nada. No tengo que elegir solo una. Puedo ser un arcoíris, igual que Lucas.

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